OLGA
ZAFERSON, ROLLO AUTOCTONO
Por Doris Bayly
| Puno en febrero
no es Puno, es el reino de la Candelaria, la mamacha que más fieles congrega en toda la
sierra sur, de Perú a Bolivia. Velas, incienso, músicos y danzantes se confunden en las
calles a ritmo de quenas, zampoñas y tambores de pellejo animal. Saya, Diablada y
LLamerada, son algunos de los bailes que sin tregua bailan comparsas formadas por decenas
de bailarines durante la novena, la octava, las vísperas, en una palabra durante todo el
mes. Olga era una chiquilla cuando miraba pasar la fiesta moviéndose en serpentina por las estrechas esquinas y callejuelas de la ciudad. A los doce no pudo más y se metió ella también a saltar imitando a los artistas. ¿Te acompañaba alguien más? Era algo tan fuerte que siempre me encontraba sola. Me dejaba llevar por un impulso que no podía resistir, quizás mis amigas no me hubieran entendido. Por supuesto que mis padres no sabían, y en el colegio no nos enseñaban. ¿Te deslumbraban los trajes o te seducía el ritmo? Primero el baile, la fuerza y entusiasmo que ponían en todo. Sin darme cuenta, fui fijándome en las formas, colores y telas de los vestidos. ¿Aprendiste las danzas o copiabas los movimientos para olvidarlos luego? No me di cuenta cuánto había aprendido hasta que, viviendo en Lima, me puse a enseñar folkclore en algunos colegios. Por supuesto que tomé clases para perfeccionarme, pero la esencia de la danza ya la llevaba conmigo. Ahora enseño en el instituto José María Arguedas y en el Charles Chaplin. ¿Qué pasó contigo cuando te sacaron de tu tierra? Viajé ya casada. Al cabo de algún tiempo comencé a sentir mucha nostalgia por Puno, por el cielo, por las fiestas. Entonces me propuse aprender folklore seriamente con diferentes profesores, en la Escuela Nacional de Folklore donde ahora soy maestra. ¿Qué enseñas? Uy, son unas cincuenta danzas diferentes, entre ellas, la llamerada, Cuyahua, Diablada, Tondero, Huaylas...Todas tienen una indumentaria diferente. ¿Así empezaste a diseñar ropa? Todavía no diseñaba. Nos prestábamos lo que podíamos. No había la facilidad que hay ahora para alquilar estos trajes. Ahora se encuentra vestimentas de Diablada para niños desde los cinco años. En esa época tenía que hacer yo misma casi todo. ¿Cuántos años tenías? Más o menos 30, ya estaba casada y con hijos. ¿Entendía tu esposo la inquietud que tenías o pensaba que estabas medio chiflada? Más o menos. No se oponía rotundamente, pero tampoco le daba mucha importancia. No podía decir exactamente cuántas horas al día le dedicaba a esto porque era ama de casa a tiempo completo. Eran pequeños ratos que le robaba a las labores domésticas, sólo que se fueron prolongando cada vez más. ¿Cambiaste tu manera de vestir? Me fui poniendo elementos típicos de la vestimenta andina. Por ejemplo me colgaba mi chuspa en la indumentaria de todos los días. A veces me iba a un compromiso elegante, con un vestido azul y mi faja de Taquille. Eso se veía raro en esa época. O sea te decían cosas. Me decían que si era de Rusia o de Rumania o de cualquier parte menos del Perú. Yo comenzaba a explicar sin cansarme. Así me dí cuenta de que con la moda también podíamos hacer cultura. ¿Explicabas motivada por el interés de la gente o porque querías soltar tu rollo? Yo quería soltar el rollo. Y ellos se quedaban asombrados, encantados. Muy pocos eran indiferentes. Generalmente los extranjeros mostraban mayor interés. ¿Y cuándo empezaste a diseñar? Empecé hace quince años, en la casa de mi madre. No tenía modelos de maniquíes, así que saqué todo lo que estaba colgado en las paredes y en esos mismos clavitos colgué los diferentes diseños que había cosido. He recorrido un camino muy largo, he diseñado ropa de vestir, para todo andar, desde polos hasta trajes de compromiso. Mi primer diseño fue un chaleco puneño y jumper estilizado como para ir a fiestas. ¿También bordas tus telas? Hay muchas cosas que no sé. Por eso recurro a los artesanos y a los creadores populares quienes sí saben su trabajo. Cada zona tiene bordados y tejidos especiales. Al recurrir a ellos garantizo la autenticidad de mis diseños y les doy la posibilidad de trabajar en lo que realmente saben hacer. Muchas veces los artistas populares cambian de oficio únicamente porque no se valora su arte. Yo considero que esto es como un tesoro que ellos tienen entre manos y que no puede perderse con el tiempo. ¿Y el primer desfile? Lo hice en lo que es ahora la Estación de Barranco, cuando estaba Toño Bernales. Fueron muchos amigos. Al día siguiente tuve otro desfile en el Convento de los Descalzos. Fueron las primeras satisfacciones, aunque casi muero de cansancio. Frente a las reacciones de apoyo y afecto de parte de los amigos, ¿no hubo cierta pica de parte de los diseñadores locales? Esto nunca lo he dicho oficialmente. Muchos amigos saben que yo tuve que renunciar a la Cámara de Diseñadores Jóvenes del Perú, que era como se llamaba en ese entonces lo que es Cadimo ahora, por el vació y la oposición que me hicieron simplemente porque no entendían mi propuesta. La colección que presenté en el Museo de la Nación se llamó Vertiente Huanca, hace cerca de seis años. Yo me vi sola, participando con gente que no creía en mi trabajo, a pesar de que en otro desfile con ellos mismos yo había obtenido una mansión honrosa con la Colección Shipiba. ¿Cómo es eso? Fue la primera colección que se mostró con telas de los nativos de la selva. Sin embargo, pienso que yo fui la ganadora, la verdad es que todo estaba arreglado para el primer premio. Luego de la segunda colección, Vertiente Huanca renunció a Cadimo, no sólo porque me sentía sola, sino también arrinconada. ¿Por qué, no se entendían tus creaciones o te tenían envidia ? No las entendían. Recuerdo que vino una coreógrafa sueca y me dijeron que ella haría la coreografía para presentar mi colección. Yo dije como lo va a hacer ella si es extranjera. No creo que sepa más que yo. Me respondieron "ya la hemos llevado a 'Manos Morenas' donde ha visto como tocan el cajón y la guitarra". Allí me di cuenta de que estaban en la calle. Porque, como todos sabemos, las manifestaciones culturales de la costa son totalmente diferentes a las de la sierra y a las de la selva. Somos muchos países en uno por eso, me pareció terrible esa ligereza. Justamente por eso, para evitar ligerezas y visiones distorsionadas, luché a brazo partido. Y me propuse seguir sola, con menos promoción y más dificultades, pero tranquila, y ya ves, no he desaparecido. Ahora que eres famosa a la vuelta de los años¿Cuál es la reacción de ellos? No sé, yo voy muy poco a desfiles, me involucro más en las cosas de folklore, esto es lo que me gusta, no necesariamente lo que se pide en el mercado o lo que funciona económicamente. Hago lo que mi corazón siente. ¿Pero alucinas a la gente de Larco caminando con ese tipo de ropa? Ese es el trabajo de los diseñadores, estilizar el tejido y las líneas autóctonas. Es un trabajo combinado, en donde intervienen varias personas. Mira tú lo que pasa con la moda étnica hindú, si pegó con esa fuerza a nivel mundial es porque tuvo un respaldo económico muy fuerte de parte del estado y identidades privadas. Nosotros tenemos iconos preciosos, textilería vigente y artesanos sin trabajo. ¿Cómo es posible que grandes bordadores y tejedores se dediquen a veces a llenar las calles vendiendo cosas de contrabando porque tienen que sobrevivir? Dejan el trabajo en el que ellos son maestros por actividades incluso ilegales. ¿Hablas de formar gremios o microempresas? Por su puesto en esas estamos. Queremos conseguir productos totalmente sutiles. Se puede hacer ropa para todos los gustos. Por ejemplo, Bennetton recorre todos los continentes mirando de todo, luego recrea lo que más le gusta en su ropa. ¿Cuál ha sido la reacción de la gente frente a tu colección de vestidos de novia? Magnífica, yo estoy muy contenta. Vienen de todos los institutos, estudiantes, profesionales. Puedes venir cualquier tarde y esto está lleno. ¿Alguna novia te ha pedido un vestido? Sí, pero no los vendo, los alquilo. Porque esto es el comienzo de una gran colección que quiero hacer. ¿Su precio? Ni más ni menos de lo que cuesta un vestido elegante en una boutique. Por el trabajo de investigación su costo se incrementaría notablemente, sin embargo prefiero no hacerlo. ¿En quién pensabas cuando diseñabas trajes de novia? No creas que en mis hijas. Hace quince años que hago ropa de calle. La novia de blanco es un concepto occidental, en la sierra las mujeres tejen y bordan sus trajes de novia. Aunque muchas chicas ya no se casan sino que hacen pareja o servinacuy, otros prefieren la ceremonia para congregar a los amigos, la familia. Entonces me dije, bueno, este será otra forma de difundir lo nuestro. O sea, como tú dices un rollo más. |
Suplemento Linda
Diario Comercio, Año 2 Nº24